Sobre el chat de Inca
Si pasas por Inca un jueves —o cualquier día, pero ese es el típico—, no te pierdas el *Mercat de l’Oli*. No es solo un mercadillo de productos locales, es el termómetro de la ciudad: ahí ves quién lleva la mejor sobrasada de la zona, quién regatea con arte y quién llega tarde con prisas por un trozo de turrón de almendra recién hecho. No hace falta ser de Inca para notar que la gente aquí habla del mercado como otros hablan del bar de toda la vida. Y si te gusta el cuero, la otra gran seña de identidad, la Fira del Ram (en marzo) es tu cita obligada: talleres abiertos, demostraciones y ese olor a piel curtida que impregna el aire.
Para quienes no vivan en la isla, Inca puede parecer un pueblo más en la ruta de Palma a Alcúdia, pero tiene su propio ritmo. El centro, alrededor de la plaça de la Vila, esconde bares donde los *tumbet* se sirven con pan recién horneado y el vino de Binissalem sabe a gloria. Los que vienen de fuera suelen llevarse una sorpresa: no es solo la cuna del calzado mallorquín (fábricas como *Llotja* o *Cueros Valls* siguen activas), sino un sitio donde la tradición se mezcla con talleres de diseño moderno. Y si alguien te dice que aquí no hay vida nocturna, que pruebe a tomar una *caña* en el *Bar Can Joan* a las once de la noche un sábado en verano. Te aseguro que el local no estará vacío.
Última actualización: 8 de julio de 2026