Sobre el chat de Huércal Overa
El sol cae a plomo sobre la Plaza Vieja cuando los mayores se sientan en los bancos de piedra a hablar del tiempo, que en agosto no perdona. Por aquí, el aire huele a pan recién hecho de la panadería de la Calle Real y a tierra seca, ese olor que solo se respira en el Almanzora cuando el verano se alarga hasta septiembre. Si pasas por el Mercado Municipal un jueves por la mañana, verás a las vecinas regateando con los puestos de melocotones de la Vega, esos que saben a agua de manantial y a sol de justicia.
Más allá del casco urbano, la Sierra de María-Los Vélez se recorta en el horizonte como un gigante dormido. Los de Huércal saben que, cuando sopla el poniente, el termómetro baja de golpe y hasta los más jóvenes buscan el cobijo de las casas encaladas. Eso sí, si coincide con la Semana Santa, aquí el silencio de la procesión de la Vera Cruz se rompe solo con el repique de las campanas de la iglesia de la Concepción, un sonido que lleva siglos avisando de que la cuaresma ha llegado a su fin.
Última actualización: 8 de agosto de 2026