Sobre el chat de Escuinapa de Hidalgo
En Escuinapa de Hidalgo la vida se vive a ritmo de sol y brisa marina. Aquí los escuinapenses —abiertos y cercanos— tejen el día entre el mercado y el malecón, donde el olor a mar se mezcla con el de los puestos de pescado fresco. Las calles del centro bullen con el trasiego de gente que va y viene, mientras las casas de techos bajos y colores vivos guardan historias de quienes, como sus primeros pobladores, supieron adaptarse a un territorio de marismas y ríos.
El pueblo viejo, Ahuchén, ya no existe, pero su huella persiste en el nombre y en la memoria de los más mayores. Lo que sí resiste es el sabor a salitre y a vida sencilla, como el que se respira en el río o en la plaza donde la gente se junta al caer la tarde. No es un lugar de grandes monumentos, sino de rincones que hablan por sí solos: el sonido de las olas al fondo, el crujir de las redes de pesca secándose al sol, el gidileo de las palomas en la iglesia.
Lo que más define a Escuinapa es su lucha contra lo efímero: la tierra salitrosa, los mosquitos que traían fiebre, los piratas de otro tiempo. Ahora son los turistas que llegan buscando playas quietas y atardeceres largos, pero los escuinapenses siguen siendo los mismos: gente de palabra fácil, que te invita a su mesa con un plato humilde pero sabroso, como el que se prepara en las casas cuando llega la temporada de camarón.
Última actualización: 6 de agosto de 2026