Sobre el chat de Coyotepec
En Coyotepec la calle huele a leña quemada al atardecer y las voces de los coyoteros se mezclan con el repique de campanas de la iglesia de San Cristóbal. Allí la vida va al ritmo de los cerros que rodean el pueblo, donde el trato es cercano y la hospitalidad no se anuncia: se vive. Los paisanos suelen sentarse en las bancas de la plaza central a comentar el día, mientras el viento arrastra el aroma de las tortillas recién hechas que se cuecen en los comales de las casas.
Este municipio del Estado de México guarda en su nombre el alma de su gente: Coyotepec significa ‘en el cerro de los coyotes’, y no es casualidad. Los antiguos coyotes aún se cuelan en las noches entre los cerros de alrededor, pero hoy su presencia se siente más en las leyendas que se cuentan en las esquinas que en los aullidos de verdad. La fiesta patronal de San Cristóbal, que data de la época colonial, sigue siendo el corazón de la comunidad, con sus danzas tradicionales y las calles engalanadas de colores.
La construcción de la iglesia de San Cristóbal comenzó con los franciscanos en 1669 y la terminaron los jesuitas en 1774, un detalle que los coyoteros no olvidan cuando pasan frente a sus muros de cantera. Por aquí el maíz no solo es el ingrediente base de la cocina, sino también de la identidad: ni los platos más humildes prescinden de su sabor terroso. Los domingos, después de misa, la calle principal se llena de puestos donde se sirven tlacoyos rellenos de habas o frijoles, y el humo de los atoles se enreda entre las piernas de los niños que corren de un lado a otro.
Última actualización: 7 de agosto de 2026