Sobre el chat de Cabra
Entre el Picacho de la Virgen de la Sierra, que alza sus 1223 metros como vigía del término, y las Huertas Bajas donde el río Cabra se funde con el Santa María, Cabra respira el aire de las Sierras Subbéticas. No es un pueblo cualquiera: es puerta de entrada a un geoparque de la UNESCO, donde las rocas guardan historias de millones de años y el olivo dibuja el paisaje en verde plateado. Aquí el calor del verano se corta con las brisas de la sierra, y en invierno las heladas pintan de blanco los tejados sin avisar.
En mayo, el barrio del Cerro se viste de fiesta con la Cruz de Mayo: balcones cargados de claveles, cruces de los niños sorteando premios y la Virgen de los Remedios recorriendo las calles hasta el convento de las Agustinas Recoletas. Lo dulce también define a Cabra: el gajorro, ese bollo de canela que se deshace en Cuaresma, y los pestiños crujientes bañados en miel, se comen con el mismo ritual que el aceite de oliva virgen extra de sus tierras.
Las calles guardan huellas de su pasado: la calle Arquilla, donde aún se ve la antigua acequia, o el Arrecife, camino real que unía plazas y conventos. Quien llega por primera vez confunde a veces el castillo con el Picacho, pero los de aquí saben que la cumbre es otra cosa: un mirador natural donde, al atardecer, el sol pinta de oro la sierra y las huertas se pierden en la bruma. ¿Vives aquí o estás de paso? Cuéntanos qué te trae a este rincón de Córdoba.
Última actualización: 8 de agosto de 2026