Sobre el chat de Bilbao
El Guggenheim brilla bajo el sol del Nervión, pero en Bilbao nadie se queda mirando sus titanios todo el día. Aquí la gente pasa del museo a la taberna de la Ribera como quien va de casa a la esquina, y eso es lo que hace auténtico el barrio: entre el arte que atrae turistas y el olor a bacalao al pil-pil que desborda en los bares de la parte vieja, no hay lugar para el aburrimiento.
Si subes hasta Deusto, el ambiente cambia: estudiantes de la universidad, runners junto a la ría y familias paseando por el paseo de Urquijo. Pero cuidado, que al caer la tarde en Indautxu los bares se llenan de tertulias que duran hasta que cierran los últimos txakolis. Eso sí, si vas a pedir un pintxo en la Plaza Nueva, mejor que sea temprano: a las dos y media ya no queda ni el rastro del pan de cristal.
Última actualización: 18 de julio de 2026