Sobre el chat de Barakaldo
En la margen izquierda de la ría del Nervión, donde el humo de las viejas fábricas aún se mezcla con el olor a pintxos en la Plaza de los Santos Juanes, Barakaldo respira industria y tradición. Aquí el txakoli sabe a tierra y el Athletic no es solo un club, sino un sentimiento que se vive en el estadio de Lasesarre cuando el equipo baja a Segunda. Pasear por el barrio de Cruces, donde la estación de metro huele a café recién hecho, o perderse por los descampados que rodean el polígono industrial de Burtzeña, es entender por qué esta ciudad de 101.000 almas tiene ese aire entre obrero y festivo que la hace única.
Y no hablemos de la gastronomía: el txuleta de vaca vieja en Casa Rufo o los chipirones en su tinta en cualquier sidrería del Ensanche son solo el aperitivo de lo que ofrece este municipio. Pero si hay algo que define a Barakaldo, además de su pasado siderúrgico, es su capacidad para celebrar la vida sin aspavientos. La Tamborrada de San Juan, con sus tambores retumbando por las calles hasta el amanecer, es el ejemplo perfecto: una fiesta que no pide permiso para ser épica.
Última actualización: 8 de agosto de 2026