Sobre el chat de Almendralejo
Los almendralejenses viven la calle como si el tiempo no corriera: las tardes se llenan de paseos junto al parque de la Piedad, donde las sombras de la plaza de toros —erigida en 1834— se alargan sobre las aceras. Por aquí no se habla de horarios, sino de costumbres: las migas de barros humean en las cocinas de los barrios cuando llega el frío, y el olor a mosto de las bodegas de la Ribera del Guadiana se cuela en el ambiente de cualquier conversación.
En febrero, las Candelas lo paran todo. No es una fiesta cualquiera: hogueras en cada rincón de la ciudad queman los peleles mientras los vecinos brindan con vino de la tierra y sardinas asadas. Esos muñecos, las pantarujas, arrastran consigo los males del año y se convierten en el centro de una noche donde la gente no se mueve de los fuegos, ni aunque el aire traiga olor a tierra mojada.
Fuera de temporada, lo que mueve a la gente es el baloncesto en la Primera Nacional —el UB Almendralejo— o las tertulias en las bodegas, donde hasta la cava local tiene su hueco entre los caldos de la Ribera. Aquí no se va a un sitio: se está en medio de todo, sin prisa por marcharse.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026