Sobre el chat de Alboraya
El olor a horchata recién hecha se cuela por las calles de Alboraya cuando baja el sol. Los alborayenses saben que el verano no es verano hasta que no pasan por alguna de las horchaterías del casco antiguo, donde el sabor de la chufa tostada se mezcla con el murmullo de las conversaciones en la acera. No es raro ver a grupos de vecinos con fartons en la mano discutiendo sobre el mejor arroz al horno de la comarca o criticando sutilmente las tortas cristinas de la pastelería de la plaza Constitución.
La fiesta grande del año aquí es la Semana Santa, declarada de interés turístico provincial. Las calles se llenan de pasos y de ese aroma a cera de velas que solo tienen las hermandades históricas. Los alborayenses viven cada procesión como un ritual: desde la Oración en el Huerto hasta el Santo Sepulcro, cada cofrade conoce el recorrido de memoria y no necesita mirar el programa. Eso sí, después de los actos, el bullicio se traslada a las terrazas de la zona de la Patacona, donde el Mediterráneo refresca el ambiente.
Más allá de la gastronomía y las fiestas, en Alboraya se respira esa mezcla de tradición y deporte que define a la huerta valenciana. En la Ciudad del Deporte no faltan los grupos de judo o los partidos de frontenis en la pista municipal, pero lo que más sorprende es ver a los mayores jugando al ajedrez en la plaza, con las piezas deslizándose sobre el tablero como si el tiempo no pasara. Eso sí, si te pierdes por las calles del núcleo antiguo, fíjate en las casas modernistas: las fachadas de la calle Major aún guardan el eco de los Zanoguera.
Última actualización: 8 de agosto de 2026