Sobre el chat de Zacatecoluca
Los zacatecoluquenses tienen una manera de moverse por la ciudad que huele a tradición: las calles son largas y anchas, y el ritmo se marca con el paso de los buses que suben desde La Costa del Sol o de los comerciantes que llegan al mercado con verduras frescas de los valles cercanos. Aquí no hay prisa, pero tampoco se pierde el tiempo; la gente se saluda por la calle como si el barrio fuera una sola casa, y hasta los niños conocen los nombres de los ríos que cruzan este territorio.
En diciembre, la ciudad se viste de fiesta con las celebraciones en honor a Santa Lucía y la Virgen de los Pobres. Las calles se llenan de faroles, y la elección de la reina de las fiestas no pasa desapercibida: es un ritual que une a las familias, desde los más jóvenes hasta los mayores, que recuerdan cómo, según la tradición, la imagen de la virgen desvió un huracán en 1770. Mientras, en el campo, los ríos Amayo y El Guayabo arrastran historias de siglos, como el sonido de las quebradas que bajan de la sierra.
Fuera de las fiestas, Zacatecoluca respira entre manglares y mangos: la punta Cordoncillo y las playas como Los Blancos son el refugio de quienes buscan escapar del calor del llano, mientras que en el Estero de Jaltepeque los pescadores aún trabajan como lo hacían sus abuelos. Aquí el tiempo no es dinero; es el ritmo de un pueblo que sabe que su mayor riqueza son las raíces que no se olvidan.
Última actualización: 7 de agosto de 2026