Sobre el chat de Santa Ana
Si cruzas el parque Libertad y respiras ese aire cargado de historia entre el volcán de Santa Ana y el cerro Verde, entenderás por qué esta ciudad no pasa desapercibida. Aquí el café no es solo una bebida: es tradición. En las fincas cercanas a Chalchuapa se tuestan granos que luego degustan en las panaderías del centro, donde el olor a pan recién horneado se mezcla con el humo de los buses que suben desde Sonsonate. No es raro ver a los ancianos jugando dominó en las aceras de la 5ª Avenida mientras los jóvenes discuten sobre el próximo partido del FAS en el estadio Óscar Quiteño.
Pero si de algo vive Santa Ana es de su mezcla de lo antiguo y lo nuevo. Por las mañanas, el mercado central hierve con vendedores de pupusas de chicharrón y atol de elote, y por las noches, las luces de la terminal de buses iluminan a los estudiantes que van y vienen de la Universidad Católica. Lo curioso es que, a solo 15 minutos en bus, el Lago de Coatepeque espera con su agua turquesa, un contraste que pocos lugares en El Salvador ofrecen. ¿Has probado el café de Apaneca o paseado por el boulevard del Cuscatleco?
Última actualización: 10 de agosto de 2026