Sobre el chat de San Pedro del Pinatar
La brisa marina arrastra el olor a salitre y a cañas de cerveza bien fría cuando los pinatarenses se reúnen al caer la tarde. No es raro ver a los de toda la vida charlando en la plaza de la Constitución, frente a la Iglesia de San Pedro Apóstol, mientras los turistas pasan distraídos hacia el puerto. Allí la vida fluye despacio, como el ritmo de las mareas que bañan sus playas de arena fina: Villananitos, La Puntica o La Llana, cada cual con su ambiente.
En San Pedro del Pinatar no hay prisa, pero sí hay costumbres que marcan el día a día. Los más mayores aún recuerdan cuando los pinos del monte daban sombra a los jabalíes que bajaban en invierno, antes de que el pueblo se llamara como hoy. Ahora la caza ha dado paso a la pesca: en la lonja de Lo Pagán se subasta el pescado al estilo tradicional, y en las calles cercanas huele a boquerones fritos o a un guiso de marisco que se sirve en los bares de la Avenida Artero Guirao.
El paseo por la Quinta de San Sebastián —antigua casa del último presidente de la Primera República— o la visita al Teatro Cine Moderno son paradas obligadas para quien quiera entender el alma de este sitio. Y si el sol aprieta, siempre queda refugiarse en el Parque Natural de las Salinas, donde el viento mece las salinas y las aves migratorias hacen escala entre dos aguas.
Última actualización: 9 de agosto de 2026