Sobre el chat de Jumilla
El atardecer en el Castillo de Jumilla no decepciona: el sol se esconde tras la sierra del Carche mientras el pueblo se enciende con las luces de las bodegas. Desde allí, las calles empedradas del casco antiguo suben hacia la Plaza de la Glorieta, donde el aroma a pan recién horneado de la tahona de la calle Trapería se mezcla con el de las carnes a la brasa en los asadores de la zona. Si pasas por Jumilla un sábado por la mañana, échale un vistazo al Mercado de Abastos: los puestos de verduras de la Vega Baja se codean con los de embutidos de la tierra, y siempre hay algún vecino mayor contando que el mejor tomate de aquí se criaba antes en la huerta de Santa Ana.
Pero Jumilla no es solo historia y gastronomía. La Fiesta de la Vendimia, en septiembre, convierte las calles en un hervidero de música y color: las cuadrillas de vendimiadores desfilan con sus cestas llenas de uvas, y en la plaza mayor no faltan los concursos de pisado de uva —sí, con los pies descalzos— y las catas de mosto nuevo. Si te gusta el vino, la D.O. Jumilla tiene nombres como Casa de la Ermita o Finca Luzón, que exportan estos caldos por medio mundo. Y si buscas relax, los paisajes del Parque Regional de Sierra Espuña están a un cuarto de hora en coche, con rutas que parecen sacadas de un cuadro de Sempere.
Última actualización: 8 de agosto de 2026