Sobre el chat de San Justo
Los sanjustinos respiran fútbol desde antes de que el barrio de Villegas se llenara de ladrillos. En el centro, el Club Almirante Brown —fundado en 1912— es más que un equipo: es la hinchada que llena las gradas de la Primera Nacional cada domingo, y la sede social donde los abuelos le enseñan a los nietos los colores celeste y grana. Al lado, en el barrio Constructora, el Club Social y Deportivo Constructora Juniors marca el ritmo de los potreros y las tardes de verano con partidos que huelen a tierra mojada y cerveza fría.
La calle Corrientes de San Justo no es ancha, pero en invierno se llena de niebla que se pega a los árboles de la plaza principal, donde la gente se cruza entre el olor a facturas recién horneadas de la panadería de la esquina y el rumor de los hinchas que salen del estadio. En agosto, cuando la Sociedad de Fomento Villa Alida organiza sus celebraciones, los chicos pintan globos verdes y blancos y los mayores se reúnen a comer facturas mientras discuten si el próximo partido del Almirante será más duro que el invierno.
El otro orgullo de la zona es la Universidad Nacional de La Matanza, que ha convertido a San Justo en un punto de paso obligado para estudiantes de todo el Conurbano. Aquí no hay plazas majestuosas, pero sí esquinas con historias: la de los viejos que juegan al ajedrez en el Club Social de San Justo o la de las familias que caminan hasta el límite con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para tomar el tren en la estación de San Justo, donde el aire huele a vísperas de partido y a meriendas de domingo.
Última actualización: 8 de septiembre de 2026