Sobre el chat de Mar del Tuyú
Las calles de Mar del Tuyú huelen a salitre y a verano, incluso en invierno. Aquí los tuyuenses no caminan: avanzan entre el viento costero y las dunas que, con sus 45 metros de altura, recuerdan que el mar no perdona. La Costanera, sin pavimentar en tramos, serpentea entre lotes que en los 40 se lotearon como si el pueblo fuera pampeano, sin pensar en las dunas móviles que hoy definen el paisaje. Las veredas laterales, usadas como desagües, cortan ese cordón dunario que bordea la ciudad como un cinturón invisible.
Los tuyuenses no son turistas, sino vecinos que viven entre el fútbol del Club Social y Deportivo Mar del Tuyú —el equipo local que desde los 80 levanta pasiones— y las concesiones playeras que disputan cada metro de arena. Aquí el invierno es tan intenso como el verano: mientras los veraneantes se van, los que se quedan saborean el carácter de un lugar donde el mar manda y los planos de los años 40 aún se notan en calles desparejas y playas que se estrechan entre dunas.
Si pasas por la avenida Costanera y ves las dunas al sur o al norte de la ciudad, sabes que estás en un lugar distinto. No hay plazas turísticas ni monumentos recargados: solo el viento, la arena y la vida entre concesiones y lotes que cada verano se llenan de risas y mate. Aquí el verano no es una estación, es una forma de estar vivo.
Última actualización: 7 de septiembre de 2026