Sobre el chat de Poesía
La poesía en esta sala no es solo un género literario, sino un ritual. Aquí entran desde el tipo que recita a Lorca en voz baja —como si le faltara el aire— hasta la estudiante de Filología que llega con versos de Gil de Biedma bajo el brazo, pasando por el currante que, tras una jornada de doce horas, abre el móvil para perderse en un soneto de Quevedo. No es lugar para puristas: se leen haikus sobre el metro madrileño, se glosan coplas de la tierra en voz alta, y hasta algún alma romántica ha colado un poema propio escrito en un bar de Malasaña a las tres de la mañana.
Lo que une a todos no es solo el amor por los versos, sino la necesidad de compartirlos sin filtros. Aquí no hay talleres ni jurados, solo gente que lee en voz alta porque le sobra el corazón o le falta el aliento. De vez en cuando, alguien suelta un verso suelto de Machado y otro responde con otro de Machado, como si el tiempo se hubiera detenido en el año 36. Otras veces, un novato pregunta: "¿Esto es normal, que me emocione tanto con un poema malo?" y el debate se enciende: si duele, si importa que sea malo, si lo bonito no está en el qué, sino en el cómo se dice.
Última actualización: 7 de julio de 2026