Sobre el chat de Chinchiná
Los chinchinenses no se andan con rodeos: aquí la vida se vive a pie de calle, entre el aroma del café recién tostado y el rumor de las quebradas que bajan del páramo. No es raro ver a los vecinos pararse en la acera a charlar, aunque no se conozcan, porque en Chinchiná la gente es así: cercana y sin prisas.
El río Chinchiná serpentea entre montañas, y sus afluentes —como la quebrada Los Cuervos o el río Campoalegre— dibujan paisajes verdes que parecen sacados de un cuadro. Las haciendas cafeteras ya no solo producen grano de exportación, sino que abren sus puertas para que los visitantes vean cómo se cultiva uno de los mejores cafés del país, en tierras que antes solo conocían los quimbayas.
Por las tardes, el aire huele a tierra mojada y a pan recién horneado. No hay que buscar mucho para encontrar un puesto donde sirvan un tinto caliente, mientras se escucha hablar de la pintora Judith Márquez o de Ramiro Ramírez, artistas que nacieron entre estas laderas. Aquí el arte y la tierra van de la mano, como el café y las quebradas.
Última actualización: 8 de agosto de 2026