Sobre el chat de Budapest
El tranvía número 2 serpentea junto al Danubio a las once de la noche, iluminando los edificios neogóticos del Parlamento húngaro como si fueran de cristal. Más allá, en el lado de Buda, las luces de la colina Gellért se reflejan en el agua, y entre los bares de ruin pub del barrio judío alguien toca una guitarra desafinada. No es un sueño: Budapest huele a paprika fresca y a cerveza Dreher a esta hora, cuando los locales ya llevan horas hablando de política o de fútbol en los cafés del centro.
Si pasas por el Mercado Central al mediodía, prueba el lángos del puesto número 17: lleva ajo, queso y un chorrito de nata agria. Es el aperitivo que piden los budapestinos después de un paseo por el Castillo de Buda, aunque algunos prefieren perderse por el laberinto de callejones de Castle Hill al atardecer. Lo que sí que no falta en cualquier conversación es el orgullo por el puente de las Cadenas, el más antiguo de la ciudad, o por el factura de los bombones Szaloncukor después de Navidad. Aquí hasta los turistas acaban hablando húngaro sin darse cuenta.
Última actualización: 6 de agosto de 2026