Sobre el chat de Bahiense
Nada como llegar a las once de la noche a un bar de La Perla y que alguien te pregunte: «¿Vas al partido del sábado o te quedas viendo el clásico en el bar?». En esta sala no hay tiempo para generalidades, porque Bahía Blanca es grande en espíritu pero se vive en detalles: el olor a pizza de la esquina de Brown y Zelarrayán, el frío que pega en el puerto cuando sopla el pampero, o el alivio de ver que el micro a Punta Alta no lleva media hora de retraso.
Quien entra aquí suele ser de los que saben que en Bahía no hay horarios fijos: los abogados discuten el fallo de la Corte Suprema en un hilo mientras los estudiantes de la UNS pasan enlaces de papers sobre contaminación en Ingeniero White. También está el tipo que viene a preguntar por los horarios de la feria de artesanos en Plaza Rivadavia los domingos, o la vecina que avisa que el mercadito de Alem y Chiclana no va a abrir por obras. Aquí no se pierde el tiempo con saludo y despedida: si pones «Alero de Brown», en cinco minutos alguien te responde con fotos de la última tormenta o te dice si el café de la esquina sigue abierto.
Última actualización: 6 de agosto de 2026