Sobre el chat de Zamora
Si cruzas el puente de Piedra al atardecer, verás por qué Zamora brilla sin necesidad de faroles: el sol se enreda en la piedra arenisca de la catedral, mientras el Duero arrastra leyendas de moros y cristianos. La ciudad tiene ese aire de pueblo grande con alma de aldea, donde los bares de la Plaza Mayor huelen a asado de lechazo y a vino de Toro. No es raro que entre callejón y callejón te topes con una fachada románica o con algún vecino que te hable de la Semana Santa —una de las más serias y emocionantes de España—, como si el tiempo no hubiera pasado.
Bajando hacia el río, el barrio de la Lana conserva el sabor de lo auténtico: tiendas de ultramarinos que llevan décadas en el mismo sitio, panaderías que venden hogazas con esa corteza crujiente que solo se logra aquí, y algún que otro bar con terraza donde sirven un cocido que parece hecho en casa de la abuela. Si vas en septiembre, no te pierdas la Feria del Ajo, porque en Zamora el ajo no es solo un ingrediente: es un símbolo. Y si te gusta el senderismo, el Parque Natural del Lago de Sanabria está a menos de una hora, con esos bosques que en otoño se tiñen de colores imposibles.
Última actualización: 5 de agosto de 2026