Sobre el chat de Teruel
Entre la fría serranía aragonesa y el sol que quema en verano, Teruel se resiste a desaparecer. La ciudad baja, con su arquitectura mudéjar declarada Patrimonio de la Humanidad, huele a chocolate caliente en invierno y a humo de parrilla en las terrazas de la Plaza del Torico cuando llega la feria de San Juan. Quien pase por el mausoleo de los Amantes, en la Aljafería turolense, entenderá por qué el amor ha sido tema de conversación en esta tierra desde el siglo XIII.
Si te asomas al Mirador de la Peña del Macho, verás el río Turia dibujando curvas entre huertas abandonadas y pinares. Los turolenses aún discuten si el jamón de Teruel es mejor que el de otros pueblos, pero todos coinciden en que la trufa negra que se cría en sus bosques es un lujo que pocos lugares del mundo pueden igualar. Por las noches, en el Bar Los Arcos, la gente habla de fútbol —el CD Teruel siempre en Segunda B— o de la última nevada que dejó la ciudad incomunicada durante dos días en febrero.
Última actualización: 8 de agosto de 2026