Sobre el chat de Mogán
Entre el azul del Atlántico y las laderas verdes del sudoeste de Gran Canaria, Mogán se desparrama desde la costa hasta las cumbres. Aquí el mar dibuja calas como Amadores o Anfi, donde el agua turquesa se funde con la arena dorada, y el monte guarda barrancos como el de Veneguera, donde los antiguos pobladores dejaban huella en sus terrazas. El pueblo huele a salitre y a tierra seca, con un clima que quema en verano pero templa las tardes de invierno.
La Iglesia de San Antonio de Padua preside el casco histórico, un rincón donde el tiempo parece detenerse entre casas blancas y balcones de madera. Más allá del pueblo, las playas de Taurito o Puerto Rico atraen a quienes buscan sol sin masificar, mientras que en los valles interiores los almendros y los tunos dibujan un paisaje que recuerda a los primeros habitantes aborígenes. La gente de Mogán no es de grandes discursos: habla de la pesca al amanecer, de los atardeceres en la playa del Cura y de cómo el valle se llena de color cuando llega la época de la orchilla.
Si vienes por aquí, no te pierdas el contraste entre el bullicio de las playas turísticas y el silencio de los barrancos. Aquí no hay prisa: se alquila una hamaca en Playa de Arguineguín, se camina hasta la Montaña de Alsándara para ver el atardecer o se prueba el pescado fresco recién desembarcado en el puerto. Mogán no es solo un destino: es un lugar donde el mar y la montaña se dan la mano, y donde cada rincón tiene una historia que contar.
Última actualización: 7 de agosto de 2026