Sobre el chat de Busan
El olor a *ssiat hotteok* —esos panqueques rellenos de azúcar y canela que se venden en los puestos de Seomyeon— se mezcla con el salitre en Busan. La ciudad, con sus más de tres millones de habitantes, es el puerto más grande de Corea y un lugar donde lo tradicional convive con el bullicio moderno. En el barrio de Jagalchi, por ejemplo, las mujeres del mercado gritan los precios del *hoe* —pescado crudo— mientras los turistas fotografían los barcos pesqueros al atardecer. No es solo un destino, es una experiencia sensorial: el sonido de las olas rompiendo en Haeundae por las mañanas, el sabor del *milmyeon* —fideos fríos en caldo picante— en los restaurantes de Gwangalli, o el contraste entre los rascacielos de Centum City y las casas bajas de los barrios pesqueros de Dongbaekseom.
Si vas en mayo, no te pierdes el Busan International Film Festival, pero si prefieres algo más local, prueba a tomar un *soju* en un *hoesik* —una taberna informal— cerca de la estación de Nampo. Los locales suelen decir que en Busan se come mejor que en Seúl, y tienen razón: desde el *dwaeji gukbap* —sopa de cerdo con arroz— en los mercados nocturnos de Gukje hasta los mariscos a la parrilla en el puerto de Taejongdae. Eso sí, si te sientas en una mesa de un *jeonju* —restaurante tradicional—, pide primero una *makgeolli* bien fría y luego deja que te guíen: aquí no hay menús turísticos, solo recetas de abuela con historia.
Última actualización: 28 de junio de 2026