Sobre el chat de Brasilia
Entre los ejes monumental y residencial, con el sol pegando en el espejo de agua de la Plaza de los Tres Poderes, se respira esa mezcla de orden y caos que solo tiene Brasilia. No es una ciudad que crezca al azar: fue parida de un plumazo en los años 60, y eso se nota en sus calles largas, sus supercuadras numeradas y ese olor a asfalto recién puesto que aún perdura en algunas zonas. Si vas al Mercado de la Torre, en la 508 Sul, prueba el *pastel de feira* relleno de carne desmenuzada: lleva un toque de cilantro que te recordará que estás a miles de kilómetros de casa, pero en el mejor sentido.
Por las noches, el Lago Paranoá se convierte en el escenario perfecto para ver el atardecer desde el Pontão do Lago Norte, donde los brasilienses dejan sus zapatillas en la arena y se sientan a tomar una *caipirinha* de maracuyá mientras los jets de la Fuerza Aérea pasan por encima a baja altura. Eso sí, no esperes bares de moda en cada esquina: aquí la vida social gira alrededor de las *churrascarias* de la Asa Sul o de las *feiras* de artesanías en la 308 Norte, donde a veces hasta te topas con un político tomando un café en la acera.
Última actualización: 9 de agosto de 2026