Sobre el chat de Barranqueras
Los barranquerenses no se pasan la vida con los pies quietos. Aquí la calle no espera: van de la ribera del Paraná, donde los barcos cargan o descargan, hasta La Liguria, ese barrio que huele a aserradero y a historias viejas de pioneros como Rossi o Atuña. Cuando el viento sopla fuerte del sur, las barrancas se ven más altas y el riacho se pone bravo, pero nadie se queja; más bien, se junta la gente a ver pasar las cosas.
En Barranqueras la fiesta no es un día señalado, sino algo que se lleva dentro. Cuando llega el calor, el río atrae a los que buscan sombra bajo los sauces de la isla Santa Rosa, y los domingos por la tarde el puerto huele a pescado frito y a vino de la tierra. Los barranquerenses hablan alto, se ríen fuerte y no preguntan mucho antes de tender la mano: si necesitas un dato del muelle o un remedio de la Liguria, ahí está el vecino.
El puente General Belgrano no es solo un cruce; es el cordón umbilical que une a Barranqueras con Corrientes y con el resto del país. Por las mañanas, los camiones cargados de madera o de granos pasan a toda velocidad, y por las noches, cuando el puerto se queda quieto, los chicos del barrio se suben a las barrancas a ver las luces reflejadas en el agua. Aquí no hay secretos: si algo pasa en el río, en el aserradero o en el mercado, a la mañana siguiente ya lo sabe medio pueblo.
Última actualización: 7 de agosto de 2026