Sobre el chat de Cornudos
En el bar de la esquina de la calle de los Burlones no preguntan el motivo, solo sirven cañas y cuchichean. Aquí pasa igual: si entras a la sala de Cornudos, no hay que justificarse. El que escribe no lleva un currículo de agravios ni un listado de agraviados; es el sitio donde el que tiene una duda sobre su relación —o sobre cómo manejar una situación incómoda— suelta el trapo sin miedo a que le miren mal.
La gente que entra no son solo los clásicos que buscan cotillear o reírse de los demás. Hay desde el tío que duda si su pareja le pone los cuernos con el vecino del quinto, hasta el que quiere saber cómo actuar cuando le han pillado en una mentira inventada. También están los que vienen a echar un chisme anónimo sobre una infidelidad ajena, o los que simplemente necesitan desahogarse sin que nadie les juzgue por cómo lo cuentan. Lo que sí es seguro es que aquí no hay postureo: si alguien escribe "soy cornudo y no sé qué hacer", no se le va a responder con un "ánimo", sino con datos reales y experiencias de otros que han pasado por lo mismo.
Lo que más sorprende es el anonimato: nadie sabe quién es quién. Un tipo puede estar contando su drama desde un móvil en el metro de Madrid y otro responderle desde un ordenador en un pueblo de Albacete. Eso sí, cuidado con los detalles: si metes datos concretos —un nombre, una calle—, alguien podría reconocerlo y la cosa se pone fea. Mejor hablar en general, como cuando en el bar pides que te sirvan sin preguntar si el camarero te ha visto llorar antes.
Última actualización: 10 de agosto de 2026