Sobre el chat de Alpicat
Si pasas por el Segriá, al pie del canal de Aragón y Cataluña, verás que Alpicat no es solo un nombre en el mapa. Aquí el olivo y el peral se mezclan con la memoria de su antigua iglesia de San Bartolomé, reconstruida tras la guerra con una cúpula de cerámica que brilla bajo el sol de invierno. Los domingos por la mañana, algunos vecinos aún comentan los restos del Tossal de la Teuleria Vella, donde hace siglos hubo hornos de barro y vidas anónimas.
La Catxipanda no es un plato cualquiera: lleva conejo, caracoles y longaniza, y se come en el aplec del once de septiembre como si el tiempo no hubiera pasado. Los del Hoquei Club Alpicat, fundado en 2004, saben que en este pueblo el deporte no es solo competición, sino también fiesta cuando llega el invierno y se encienden las hogueras en honor a San Sebastián. Las calles, anchas y rectas, guardan el eco de las cartas de población de Ermengol VI de Urgel, cuando este rincón dejó de ser aldea para ser municipio.
¿Sabes que aquí hasta el repetidor de telecomunicaciones tiene historia? Desde lo alto sirve a media provincia, pero sus cimientos descansan sobre tierras que han visto pasar sarracenos, condes de Urgel y guerras que casi borran el pueblo. Si vienes, fíjate en los detalles: la base octogonal del campanario, los frutales que pintan el paisaje de blanco y rosa en primavera, o el olor a leña cuando se acerca la fiesta mayor del 24 de agosto.
Última actualización: 1 de septiembre de 2026