Madrid desborda en Orgullo 2026: 500.000 contra el odio
Medio millón de personas recorren el centro de Madrid en la mayor marcha del Orgullo de Europa. La convocatoria exige derechos y frena los avances de la ultraderecha contra el colectivo.
Las calles de Madrid ardían este sábado a las 19:00. Atocha se convirtió en un mar de banderas arcoíris cuando la cabecera de la manifestación del Orgullo LGTBIQ+ 2026 arrancó su recorrido. Cinco kilómetros de asfalto teñidos de reivindicación, música y consignas contra el retroceso. La edición más masiva de Europa —500.000 personas según los organizadores— desafía el momento político: una ola ultraderechista que amenaza con borrar décadas de avances.
El PP pagó caro su abstención en la ley contra las terapias de conversión. Los manifestantes lo dejaron claro con eslóganes como «PP = tortura» y pancartas que recordaban a los votantes de la derecha: «Sois cómplices». En plena campaña electoral, el silencio de los populares en el Congreso se leyó como un guiño a los sectores más reaccionarios del país. Los organizadores acusaron: «Prefirieron mirar para otro lado cuando miles sufren por ser quienes son».
La marcha avanzó por Gran Vía bajo un cielo plomizo, pero la lluvia no empañó el ambiente. Entre globos morados y drag queens sobre camiones, el mensaje era único: «Ni un paso atrás». Los colectivos feministas y antirracistas se unieron a la coreografía, mezclando consignas como «Sin feminismo no hay orgullo» con otras más antiguas, como «Mi cuerpo no es vuestra propiedad». La diversidad de identidades —no binarios, trans, intersexuales— ocupó el centro de las reivindicaciones, lejos de los estereotipos de otras marchas.
El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid desplegaron un dispositivo de más de 2.000 agentes para garantizar la seguridad. No hubo incidentes graves, pero sí tensión cuando un grupo de ultraderechistas intentó colarse en la cabecera con gritos de «España viva». La policía los retiró antes de que la situación escalara, aunque el ambiente se tensó durante minutos. «Esto no es un día de fiesta —declaró una portavoz de la organización—. Es una trinchera».
La fiesta llegaría después, en la plaza de Colón, donde el escenario esperaba a artistas como Rigoberta Bandini y Bad Gyal. Pero primero, el recuerdo de quienes ya no están: el minuto de silencio por los 42 homicidios contra personas LGTBIQ+ en Europa el año pasado. Madrid gritó su nombre en silencio. Luego, la música lo ahogó todo.