ONU eleva a 50.000 los desaparecidos en el doble seísmo de Venezuela
La ONU cifra en 50.000 los desaparecidos tras el doble terremoto en Venezuela. Las autoridades locales reconocen 920 muertos y 3.360 heridos, mientras Washington activa su ayuda con 150 millones y levanta sanciones.
La ONU ha lanzado la primera estimación oficial sobre el desastre: 50.000 desaparecidos tras el doble seísmo que sacudió la costa caribeña y el norte de Caracas el miércoles. La cifra, comunicada por un responsable humanitario, supera con creces los 920 muertos y 3.360 heridos reconocidos por las autoridades venezolanas, cinco de ellos españoles.
Mientras los equipos de rescate trabajan contra reloj para localizar a los 119 desaparecidos oficiales y a los 14 atrapados bajo los escombros, la Administración Trump mueve ficha. El Pentágono y el Comando Sur anunciaron operaciones de rescate, y Washington destinará 150 millones de dólares a organizaciones como World Vision o el Programa Mundial de Alimentos. No es casualidad: la ayuda se enmarca en un plan de soft power que incluye el levantamiento de sanciones para facilitar la recuperación del país.
El gesto de Washington no convence a todos. En barrios como La Guaira, donde conviven bloques de clase media con viviendas chavistas, la desconfianza hacia EE.UU. es palpable. "Con tragedias así, la piel está sensible", advierte un experto en geopolítica energética. Hasta en zonas opulentas como Altamira o Chacao, donde se han desplomado edificios, la intervención estadounidense se ve con recelo.
El Edificio Petunia, símbolo de la desigualdad en Caracas, resume el drama: once cadáveres rescatados entre sus escombros. A diferencia del deslizamiento de Vargas en 1999, este terremoto no distingue clases. La ayuda humanitaria, en cambio, sí podría hacerlo: convertir a EE.UU. en un actor benévolo será un reto tan delicado como reconstruir un país donde el 20% de los edificios están dañados.
Elon Musk se suma a la jugada con Starlink, ofreciendo internet gratuito a los venezolanos. Una maniobra que, según analistas, busca ganar influencia en la región. Pero en un país donde la memoria de las intervenciones extranjeras pesa más que las promesas, cualquier error podría ser desastroso.