Dos terremotos de 7,5 y 7,2 sacudieron Caracas en 39 segundos

Tecnología · 26/06/2026 22:59 · Redacción ChatZona

Dos terremotos de 7,5 y 7,2 sacudieron Caracas en 39 segundos

Un doble temblor de magnitud 7,5 y 7,2 en Yaracuy estremeció Caracas durante horas. Vecinos sin luz ni teléfono se organizaron solos mientras el Estado no respondía.

El móvil vibró con un mensaje de alerta roja mientras la pantalla se llenaba de líneas que recordaban a un electrocardiograma fallido. «Terremoto detectado cerca de su ubicación». Pero era tarde: el primer temblor ya había empezado y la tierra no paraba de moverse. No era un seísmo cualquiera, sino dos en menos de cuarenta segundos, el segundo más violento que el primero, como si el subsuelo hubiera decidido soltar todo su furia de golpe.

Las paredes del apartamento crujían. Los cuadros se desprendían de sus clavos como hojas secas en otoño. Las gatas, normalmente dueñas de cada rincón, huían despavoridas hacia ningún sitio concreto. Bajo el marco de una puerta, entre el polvo que caía del techo, solo cabía esperar. El movimiento no cesaba: no eran segundos, ni minutos, sino una eternidad de rugidos subterráneos que abrían grietas en las paredes, dejando al descubierto el cemento desmenuzado como si alguien hubiera pasado un dedo por un pastel recién horneado.

Cuando por fin se detuvo, las calles del barrio amanecieron como un pueblo fantasma. Vecinos de edificios cercanos se agrupaban en la acera, intercambiando versiones contradictorias sobre lo ocurrido. Las redes ardían con rumores: algunos decían que había sido en el este, otros juraban que el epicentro estaba en el oeste. Lo único cierto era que el silencio oficial se había tragado cualquier intento de coordinación. La luz se había ido con el primer temblor, y con ella, los teléfonos. Solo quedaba el wifi del piso, que permitía enviar mensajes a ciegas mientras los hermanos en el extranjero despertaban alarmados por llamadas perdidas.

Ascensión, periodista como el autor, no respondía al móvil. Su edificio, en la zona oeste sin electricidad, era un bloque más de los muchos que se quedaron a oscuras y sin forma de pedir ayuda. Allí no había refugios, ni policías, ni nadie que orientara a los vecinos. Solo risas nerviosas al otro lado de la línea cuando le explicó a su hermano en Inglaterra que no, no había ningún plan de evacuación en Caracas, y que lo único que podían hacer era aguantar las réplicas y rezar para que la próxima pared en caer no fuera la suya.

El USGS tardó horas en actualizar los datos. Para entonces, la ciudad ya había comprobado lo que era vivir sin Estado: sin información fidedigna, sin redes de emergencia, sin otra solidaridad que la de quienes, como Ascensión, se buscaban entre el caos preguntando por familiares a gritos en medio de la noche.

Más noticias