Alemania acusa a Rusia de ataque con drones en Leipzig
Berlín señala directamente a Moscú por el fallido ataque con drones cargados de explosivos cerca de aviones ucranianos en el aeropuerto de Leipzig. El Gobierno alemán anuncia medidas contundentes contra el consulado ruso y propone sanciones a nivel europeo.
Un dron con explosivos a escasos metros de un Antonov ucraniano en el aeropuerto de Leipzig no fue obra de aficionados. El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, lo dejó claro ayer: «El patrón coincide con los métodos que Rusia emplea en la guerra híbrida». El artefacto, encontrado el mes pasado, formaba parte de una operación más amplia que Berlín vincula directamente con Moscú.
Las autoridades alemanas no hablan de casualidad. Los componentes de los drones, su tecnología de detonación y la sincronización con otros incidentes similares en infraestructuras críticas de Alemania apuntan a un mismo origen: los servicios de inteligencia rusos. «No es un incidente aislado», advirtió Dobrindt en rueda de prensa junto a su homólogo de Exteriores, Johann Wadephul. Leipzig, clave en la logística de armamento para Ucrania, se ha convertido en otro frente de la guerra encubierta que Europa sufre desde 2022.
La respuesta alemana no se hizo esperar. Wadephul anunció el cierre del consulado ruso en Bonn y la expulsión de los diplomáticos de la Casa de Rusia en Berlín. Además, Berlín propondrá a la UE una «lista negra» de ciudadanos rusos vinculados a ataques híbridos y endurecerá los controles de entrada para nacionales rusos. «Alemania no está en guerra, pero es un objetivo diario de estas acciones», subrayó Wadephul. La medida llega después de que el Gobierno detectara un aumento de sobrevuelos de drones sobre instalaciones militares y eléctricas en los últimos meses.
El aeropuerto de Leipzig-Halle, base logística para el envío de armas a Ucrania, no es un blanco cualquiera. Desde el inicio de la invasión, Alemania ha registrado decenas de avistamientos sospechosos en sus fronteras orientales. Lo ocurrido allí no fue un error de cálculo, sino un mensaje: Rusia sigue actuando en Europa sin dejar huellas visibles. Berlín, por su parte, responde con firmeza, pero sin cruzar la línea roja de la confrontación directa.